El mercado mayorista de la electricidad, llamado también pool eléctrico, es el lugar donde las comercializadoras adquieren, a través de subastas, la electricidad de los grandes agentes productores para venderla, después, a los consumidores finales. Este es el mercado que determina el precio de la energía, de manera que afecta directamente al coste eléctrico que asumen las empresas en sus contratos.
En España, el mercado mayorista de la electricidad está gestionado conjuntamente por Red Eléctrica Española (REE), que se ocupa de que se produzca la suficiente electricidad para satisfacer la demanda, y por el Operador del Mercado Ibérico de Energía (OMIE), que desde 2001 es la entidad que tiene la responsabilidad de organizar las subastas de compra y venta de electricidad entre los productores y las comercializadoras. Por su parte, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) cumple la función de órgano regulador, garantizando el correcto funcionamiento del mercado liberalizado.
¿Cómo funciona el mercado mayorista de la electricidad?
- Subasta diaria: Cada día, a las 12:00 CET, tiene lugar una sesión del mercado en la que se fijan los precios y energías de la electricidad para el día siguiente. Esta fijación se realiza en función de la oferta y la demanda para cada uno de los 96 periodos cuartohorarios (de 15 minutos cada uno) que componen las 24 horas del día. Los agentes compradores y vendedores que se encuentren en España y/o Portugal presentan sus ofertas a través de OMIE, el operador designado para gestionar el mercado diario en la Península Ibérica de forma acoplada con el resto de Europa.
- Oferta: Los agentes productores de energía (como centrales eólicas, nucleares, solares o de gas) lanzan, a través de OMIE, su oferta en función de la energía que pueden producir para cada uno de los periodos del día siguiente, estableciendo su precio mínimo de venta.
- Demanda: Las comercializadoras informan, por su parte, al OMIE de cuánta energía necesitan para cubrir su demanda y el precio máximo que están dispuestas a pagar para adquirirla.
- Precio de casación: El OMIE ordena las ofertas de venta de la más barata a la más cara. De esta forma, se van sumando las ofertas hasta dar cobertura a toda la demanda prevista. Al ser fuentes más baratas, los productores de renovables y nuclear son los que entran primero, ofertando su energía a un menor precio. No obstante, si estas no son suficientes para dar cobertura a la demanda del día siguiente, entran en juego los productores de energías más caras como gas o carbón. El precio por hora final determinado por el OMIE es el del último productor necesario para cubrir la demanda. De este modo, si se trata –por ejemplo– de una eólica, el precio será más barato que si ha sido necesario acudir a una central de gas para satisfacer la demanda del mercado.
¿Cómo se determinan los precios en el mercado mayorista de la electricidad?
El mercado mayorista de la electricidad en España es marginalista. Esto significa que, una vez que compradores y vendedores lanzan sus ofertas, el algoritmo Euphemia —el programa informático que determina el precio de la luz en la mayoría de los países europeos— ordena las ofertas de venta (generadores) de forma ascendente y las de compra (adquirentes) de forma descendente, construyendo así las curvas de oferta y demanda. El precio para cada uno de los periodos del día siguiente queda definido por el punto de intersección de ambas curvas, marcado por la última energía (la más cara) necesaria para cubrir la demanda total de ese periodo.
¿Por qué fluctúan los precios en el mercado mayorista de electricidad?
Como hemos visto, el precio final lo marca la última energía en entrar en juego para poder satisfacer toda la demanda. Si es una renovable, el precio será menor que si se trata de una energía creada a partir de combustibles fósiles, en cuyo caso el precio final será más caro. Estos son los factores que inciden de forma directa en el precio mayorista de la electricidad:
- Clima: Días con mucho sol o con mucho viento permiten a las solares y/o eólicas generar una gran cantidad de energía barata capaz de satisfacer la demanda sin tener que acudir a fuentes más caras.
- Variación temporal: La demanda varía según el día y el periodo de tiempo. Así, el consumo es mucho más elevado durante el horario comercial de los días laborables y disminuye notablemente en días festivos, fines de semana o periodos nocturnos. Esto hace que el precio de la electricidad fluctúe de la misma manera a lo largo del día.
- Mercado internacional: Cuando la demanda aumenta hasta el punto de necesitar energías fósiles, estas se adquieren a menudo a proveedores internacionales. Así, fuentes como el gas natural, que se compran a productores de Alemania o Francia, dependen del precio de estos productores y de su capacidad de oferta en función de la demanda internacional.
- Derechos de emisión: Echar mano de fuentes de energía basadas en combustibles fósiles que contaminan sale más caro, no solo por el precio de estas energías (superior al de aquellas generadas a partir de fuentes renovables), sino también por el pago de los derechos de emisión, que se calculan a 1 tonelada de CO₂ (dióxido de carbono) o su equivalente, y son los permisos que conceden a una empresa la potestad de contaminar.
Mercado mayorista vs. mercado minorista de electricidad: diferencias principales
- Función: Mientras que el mercado mayorista fija el precio de la energía en base a una subasta, el minorista transfiere esa energía al consumidor final en función del precio establecido por cada contrato.
- Agentes de mercado implicados: Esta es la principal diferencia entre los mercados mayorista y minorista de la electricidad. En el mayorista, los agentes de mercado que participan en las transacciones son los agentes productores y las comercializadoras que compran, a estos, la energía. En el mercado minorista los agentes comerciales implicados son las comercializadoras y los consumidores finales, a los que aquellas abastecen con la electricidad que estos necesitan.
- Precios y transacciones: Este es el otro gran aspecto diferencial. Mientras que el mercado mayorista se rige por las reglas de la subasta diaria gestionada por OMIE (donde las ofertas de generación se ordenan de más barata a más cara), el mercado minorista determina cada factura en función del tipo de contrato suscrito entre la comercializadora y el consumidor final. En este mercado minorista, el usuario puede elegir libremente entre el mercado regulado (PVPC) o el mercado libre.
Mercado regulado y mercado libre
Una vez cerrada la subasta diaria en OMIE, la electricidad comienza su viaje hacia el consumidor. Las centrales generadoras la vuelcan a la red de alta tensión gestionada por Redeia (REE) para su transporte a largas distancias. Al aproximarse a ciudades y áreas industriales, las subestaciones reducen la electricidad a media tensión y, en el último tramo, los centros de transformación la convierten en baja tensión, dejándola lista para el consumo en hogares y empresas.
Aquí en el mercado minorista, el consumidor puede optar por dos tipos de comercializadora: del mercado regulado y del mercado libre.
- Mercado regulado: Es el que ofrece la tarifa regulada o Precio Voluntario para el Pequeño Consumidor (PVPC), disponible para hogares y microempresas con potencias contratadas de hasta 10 kW. En esta modalidad, el precio de la luz cambia a cada hora en función de la oferta y la demanda del mercado mayorista (bajo una fórmula regulada por el Gobierno), sin descuentos comerciales ni promociones. No implica permanencia y es la única tarifa que da acceso al bono social (un descuento directo en la factura para colectivos vulnerables que cumplan ciertos requisitos). Eso sí, optar por el PVPC implica aplicar de forma obligatoria la discriminación horaria en el consumo.
- Mercado libre: El mercado libre ofrece los precios marcados por las comercializadoras para cualquier tipo de potencia, sin límites, y sin la obligatoriedad de adaptar el consumo a determinadas franjas horarias. El precio se puede mantener fijo o puede ser variable, en función del tipo de contrato suscrito con cada comercializadora. Lo mismo ocurre con la permanencia y la posibilidad de acceder a descuentos y promociones, que dependen de cada contrato. Eso sí, el mercado libre no da acceso al bono social.
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